“Gloria Bermúdez o el memorioso encanto de la testarudez”

“Gloria Bermúdez o el memorioso encanto de la testarudez”

(Entrevista realizada por Luis Barros Pavajeau para la Red Departamental de Bibliotecas del Cesar, publicada en el programa Caracolí del Cesar)

Aunque lo niegue con una carcajada, Gloria Bermúdez tiene una memoria portentosa con la que teje los acontecimientos de su existencia. No son exageraciones mías. A ella sólo le basta dejarse llevar por el recuerdo en sus labios para que afloren los hechos de una infancia transcurrida en el Medellín de los años cincuenta del siglo pasado, inserta en el paréntesis de las cinco cuadras de los barrios San Lorenzo y Pichincha. Gloria Bermúdez me afirma que la casa también es el universo. Y en lo que a ella respecta, su infancia fue una casa de puertas abiertas en donde la libertad, la entregaban sus padres en forma de llave cuando los hijos cumplían los diez años.

La memoria de Gloria Bermúdez no cojea. Paso a paso, recupera el olor de sus primeros años envueltos ahora, en la florescencia verde del Cadmio sembrado en el antejardín de su casa. Y flamea tanto la luz de sus ojos narrando aquel terruño, que pienso a mi vez, que Gloria Bermúdez no ha hecho otra cosa en vida, si no repartir el espíritu de esa casa, entre sus amigos entrañables.

Gloria Bermúdez sufrió a una bruja en su infancia. Ella recuerda que alguna vez dentro de una fila, esperando una actividad estudiantil, bostezó a sus anchas. Entonces la bruja que se llamaba Josefina y era benedictina y para rematar había que decirle hermana, se le arrimó, pálida como un fantasma y le bajó los brazos, reprimiéndole el gesto. La historia se hubiera perdido en los velámenes de los días, si no fuera porque Gloria sostiene que su miedo escénico proviene de aquella represión. La hermana Josefina vigila por los huequitos del audio de mi grabadora, tratando de sabotear esta entrevista. Le digo a Gloria Bermúdez que no le paremos bolas. Sé que la hermana Josefina se volverá migas al no poder cruzar el puente construido por el lenguaje de nuestras miradas.

Al mundo de la literatura, Palito- bautizo paterno para homenajear su flacura- ingresó quizá de tanto ver la fascinación de su hermano Oscar, cuando cada ocho días compraba un libro de la colección Crisol de Aguilar. No me acuerdo que en el colegio me hayan leído Pinocho o Caperucita Roja. La hermana Purificación era una mujer libertaria. Era vasca. Leía a García Lorca y contaba sobre la Guerra Civil. Después llegaron Oscar Wilde, Ibsen, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Proust, Capote, Faulkner, Miller… Fue fascinante entrar en esos universos prohibidos y exquisitos.

Una vez pensionada como bibliotecóloga de la Universidad de Antioquia, Gloria Bermúdez se retiró a El Retiro. Lo primero que hizo fue un inventario de la flora del municipio en compañía de León Sierra en el transcurso de sus caminatas de los días miércoles, asesorados entre otros, por el director científico del Jardín Botánico. Este trabajo les sirvió para identificar en cinco años, unos 180 árboles endémicos. El registro fue suspendido por problemas de orden público. La zona era utilizada como corredor estratégico de la guerrilla… Si no forró los techos de la casa con su labor de crochet fue porque un milagro tocó a la puerta. Llegó vestido en un señor de la Fundación de Apoyo Solidario de El Retiro, quien le propuso que se encargara de una celebración anual para los niños de las escuelas rurales. Ella se negó de plano a hacer apenas una fiestecita. Una vez el hombre le dio carta blanca para que hiciera lo que quisiera, visitó todas las escuelas rurales para ver cómo trabajaban los maestros… Encontró una situación miserable…

Decidió apoyar a los maestros rurales, instruyéndolos a través de Comfenalco en programas de fomento y capacitación de la lectura, además de hacer gestión para dotar las escuelas con excelentes bibliotecas de literatura infantil. Aquella fue una aventura secundada por amigos que les llevaban talleres de títeres y calidoscopios. Era un acompañamiento realizado con la dignidad que se merecían, por eso las bibliotecas de literatura infantil eran nuevas. Pero todavía a Gloria le quedaba mucho por hacer. Una amiga suya, artista de la Universidad de Antioquia, recién llegada al Oriente antioqueño, al ver la biblioteca que Gloria Bermúdez tenía para sus vecinos, le ofreció su casa en una playa en Coveñas, para que llevaran a los niños a conocer el mar. En el año 1999 iniciaron el programa Conocer a Colombia para Amarla, con el que han llevado a más de mil quinientos niños al mar. Esta propuesta educativa y recreativa arrancaba unos seis meses antes del viaje con un diario escrito por los niños, en el que reconocían su territorio e investigaban la ruta que hay entre la partida y el arribo al mar. La experiencia está recogida en el documental No tuvimos tiempo si no de ser felices, que fue premio del Ministerio de Cultura, realizado por la cineasta Lina Arboleda.

gloria

El Laboratorio del Espíritu

Como decía Rilke, la infancia es la patria… Después de mi jubilación me entregué en brazos del Laboratorio del Espíritu en El Retiro. Quiero que los niños recuperen esa infancia feliz que una sociedad injusta les ha arrebatado… Desde el trabajo que se hace en El Laboratorio, los niños nos han comprobado que son poetas a través de sus trabajos con la escritura, la cerámica, la pintura; son unos iluminados… Hay una niña de 8 años de la vereda Lejos del Nido que se llama Diana Karina, que en el ejercicio Yo soy, en el marco del taller de escritura con el director Javier Naranjo, escribe; Soy la punta de un sol. Soy las leyendas. Soy el amor de los humanos. Soy las palabras… Una cosa absolutamente sublime…. Por otro lado John Jairo en otro ejercicio titulado Si yo tuviera 24 horas de vida ¿qué haría? Escribe que se desharía de todo lo que tiene… Yo me conmuevo con esas respuestas y pienso que hay que reivindicarlos… Los niños de las zonas rurales tienen el acervo de sus antepasados sobre el universo… Alguna vez un niño cortó el cogollo de una orquídea florecida y lo convirtió en un pito que le regalaba la naturaleza. Ese era su juego con el que nos quería impresionar.
Yo miro la hondura de sus ojos y pienso que en el jardín interior de Gloria Bermúdez, se imbrica su pasión por la flora y la literatura. Tiene sentido… La dedicación por ambas implica siembra, tiempo y cosecha. Su recompensa es la savia sabiduría que eclosiona en niños y flores.

En el 2008, la CISV (Children´s International Summer Villages) que está en más de 70 países en el mundo, querían celebrar el 57° aniversario de la organización. De este modo se les ocurrió hacer un proyecto de alto impacto en cada uno de los países en donde hacían presencia. Me consultaron y no lo pensé ni un segundo; ni más ni menos que hacer una biblioteca rural. No les pareció factible porque había que conseguir un lote. Yo les dije que en la vereda Pantanillo había una escuela abandonada desde hacía unos diez años. Yo fui a pedírsela al alcalde en comodato y él no tenía ni idea de su existencia.

El Laboratorio del Espíritu debe su nombre al humanista Antonio Mesa quien fue director de Estudios Generales de la Universidad de Antioquia a finales de los años sesenta del siglo XX. En una de las paredes de su oficina estaba colgada esa sugestiva frase. Él llegaba muy temprano y en los tableros de esos corredores escribía textos de sus poetas y filósofos favoritos. La ludoteca fue hecha por Juan Manuel Peláez quien ganó el Premio Latinoamericano de Arquitectura.

Yo soy una mujer de carácter. Puedo ser maniática. Muy fiel a lo que pienso y no hago concesiones. Yo tengo las cosas tan claras, que primero las digo y después las pienso. Soy muy imprudente… El laboratorio del Espíritu es obra de mi testarudez. Ese es el motor que me impulsa a vivir. Creo que eso me hace libre. El espíritu del Laboratorio es continuar lo que habíamos empezado desde 1999 con los programas de lectura. Ahora existe una sede para que el asunto sea más sólido y contundente. De este modo tenemos un seguimiento de niños, padres y maestros, con el acompañamiento de los espíritus imaginativos de Javier Naranjo, Orlanda Agudelo y cada uno de los profesores vinculados… Quienes nos dicen cómo vamos a seguir son los mismos niños. A pesar de ser yo una persona muy dominante, me dejo llevar por lo que dice la comunidad. Yo soy enemiga de hacer teorías. Hay que tener la claridad de hacer las cosas bien hechas. Ahí si no tengo políticas específicas ni propuestas definidas, la comunidad de la vereda nos dice lo que tenemos que hacer. Ellos nos guían en lo que hacemos y tenemos que respetar sus creencias.

Yo tuve muchas dudas con relación a esa comunidad donde no existía un referente de biblioteca. Lo que los congregó es que la escuela tiene unos ochenta años y había un fuerte sentido de pertenencia. El centro de la comunidad era la escuela. Allí celebraban sus ritos religiosos y fiestas. Se conservó la arquitectura de la casa antioqueña. Para nosotros era sumamente importante la relación con los maestros y las escuelas. Los programas estaban en el Plan Educativo Institucional. Encontramos en el colegio del frente, el Nacianceno Peláez, un equipo comprometido e inteligente que articulan las clases de matemáticas con origami, las clases de arte con el tejido, los precolombinos con las clases de sociales. En la Biblioteca los muchachos se liberan. Ellos sienten ese lugar armónico. El arte es liberador, es el único que hace que los seres humanos trascendamos…

Por fortuna, el sueño terco de Gloria Bermúdez se transformó en una realidad reconocida inicialmente por una vereda. De ahí en adelante con trabajo y disciplina, las satisfacciones abundan. Sobre todo el convencimiento en la iluminación artística de los niños cuando son invitados a narrar el mundo en un papel. Como Guillermo Lancheros de 9 años de edad que en el taller de escritura a cargo de Javier Naranjo en el colegio El Triángulo, cuando se le preguntó qué era el espíritu, no le tembló el pulso para consignar que el espíritu es un aparato que uno tiene y que no sale en un libro de ciencias.

Entrevista publicada en  http://caracolidelcesar.blogspot.com/