Memorias del viaje al mar

Recordando el último viaje al mar
Por: Orlanda Agudelo 

En las pasadas vacaciones, a eso de las 6 a.m. salió un bus del El Retiro con 28 jovencitos de las I.E.R de Pantanillo y Lejos del Nido, todos ellos de los grupos de 8° y 9°, elegidos para el viaje porque se aproxima su salida de las instituciones y ya no tendrían opción de hacerlo. Iban acompañados por Margarita Cárder, la profe de tejido y docente guía; Ana Miriam, la profesora del grupo de 8 y 9 de Lejos del Nido y Orlanda y Diana, bibliotecarias del Laboratorio del Espíritu.

El viaje al mar que hace el Laboratorio cada año busca que los niños y jóvenes de las veredas de El Retiro conozcan el mar, pero también que tengan una visión más amplia de nuestro territorio, de lo que es Colombia. Por eso, dos o tres meses antes del viaje los chicos empiezan a hacer un recorrido pedagógico por los aspectos físicos, geográficos y culturales de las regiones que se tocan en el recorrido entre El Retiro y las playas de El Calao, en Coveñas.

En el trayecto que dura unas doce horas, los viajantes observan y comentan los cambios climáticos, de vegetación, la economía, la población de los sitios que bordean la carretera hasta la costa. Con este objetivo paran en algunas partes, para sentir de cerca el calor extremo que contrasta con el habitual frío de El Retiro y también para comer y estirarse. En estos cortos detenimientos está la posibilidad de ver grandes ríos, árboles únicos, animales de otros hábitats, personas que trabajan y se recrean de formas distintas.

La llegada al destino final siempre es una fiesta, hasta para quienes han ido otras veces. La puesta de sol les recibe como gritando una despedida que a la vez es bienvenida. Y luego vienen noches y días donde todo es descubrimiento: estar fuera de casa, pasar la mayor parte del día en el agua desafiando al sol y las aguamalas, pero también hacer pequeñas excursiones para reconocer los ecosistemas alrededor de las playas de El Calao, conocer a los compañeros de la otra institución y escribir, cada noche, las impresiones recogidas a lo largo del día.

En el  regreso ya se notaban caras de agotamiento y a la vez ganas de llegar a la casa y a las cosas de cada uno, pero sobre todo alegría por haber asistido a una experiencia nueva.