Monteadentro en las veredas

Monteadentro en las veredas

ttttt

El periódico en Pantalio


Un carro con cinco personas y dos motos con dos personas cada una, tomaron la carretera destapada que lleva desde la zona urbana del municipio de El Retiro hasta la escuela de la vereda Pantalio. Media hora de carretera destapada, subidas y bajadas, montañas, quebradas, casas y perros al borde de la carretera. La caravana tenía una cita importante con la comunidad de Pantalio: compartir entre todos lecturas del periódico en voz alta, música en vivo, juegos, chocolate y buñuelos alrededor de una fogata.
Llegamos aún de día. La escuela queda en lo alto de una montaña. Desde allí, en días despejados, se puede ver el Nevado de El Ruiz. Uno a uno, el equipo del Laboratorio del espíritu bajó de los automotores, y subió al segundo piso de la escuela para disfrutar mejor de la increíble vista, que alcanza a cruzar el departamento.
Desde hacía algunas semanas, en la Junta de Acción Comunal de la vereda, se había concertado el día y la hora: las seis de la tarde se aproximaban. Nos apresuramos a organizar todo, disponer las sillas, calentar el agua, armar la fogata…
A las 6:30 llegaron los primeros comensales, pero sólo pudimos empezar en forma a las 7, cuando ya habían llegado alrededor de 50 personas, de todas las edades. Dos piezas de música en vivo fueron animadas por cuatro instrumentos: una flauta traversa, dos guitarras y un tiple. La lectura siguió al concierto, con aplauso de cierre. Luego, la sorpresa de la noche: malabares con fuego. Y mientras estaba el chocolate, que se demoró porque hubo que hacer una ollada muy grande, juegos callejeros. Todos cantando, ponchando al otro y haciendo el ridículo.
Después de repartir el chocolate y los buñuelos (alcanzó hasta para los perros), los mayores se pusieron a jugar bingo.
A estas alturas de la noche, la temperatura había bajado bastante, y el viento comenzó a soplar. Ya era hora de cerrar la escuela e irnos. Después de organizar el lugar y dejar todo como si nada hubiera pasado, el equipo del Laboratorio del espíritu fue el último en despegar. Llegamos a casa casi a las 10 de la noche, y todos dormimos muy felices después de tan larga y grata jornada.