¿Por qué? | Laboratorio del Espíritu

Por qué

La deuda que tenemos con el campo colombiano es enorme. Es la cuna de nuestros ancestros y la hemos olvidado. Nuestro país, de tradición agrícola, hoy sufre los estragos de más de medio siglo de violencia y descuido. Más allá de las causas, las consecuencias son plausibles: la restricción del acceso a la tierra y la pérdida de las tradiciones y el conocimiento campesino va en aumento y genera una vida más pobre, más difícil, menos sostenible, con menos caminos.

Este periódico busca ser un punto de encuentro para el conocimiento campesino, cada vez más disperso, y convertirse en una herramienta útil y entretenida para la comunidad de las veredas que amortigüe los efectos de la violencia, la distancia entre familias y la baja escolaridad.

Nuestro periódico debe ser impreso y de distribución gratuita para que cumpla su función. Su principal destino es llegar a donde no llegan ni computadores, ni internet, ni información de ningún tipo: sólo nuestros repartidores. Buscamos ser una conexión con el mundo para familias que viven a 2 o 3 horas de cualquier otra finca o de la zona urbana. Que entiendan que como ellos viven otras muchas familias que comparten las mismas necesidades, y comenzar a tejer un sentido de comunidad en torno al intercambio de conocimiento sobre la vida en el campo.

Semillero

Este semillero es el alma del periódico. Nueve jóvenes de las veredas asisten los martes a entrenarse como reporteros. El semillero, que comenzó con un taller impartido por Prensa Escuela El Colombiano, hoy es dirigido por Nicolás Naranjo Boza. A través de lecturas y ejercicios de escritura, estos jóvenes rescatan historias y personajes de las veredas y del pueblo. Ellos también son quienes reparten el periódico, y quienes se encargan de hacer el vínculo con las Juntas de Acción Comunal para llevar lecturas y tertulias.

Tertulias

Cada mes llevamos una tertulia a una vereda. Allí se da cita a toda la comunidad. Niños, jóvenes, adultos y ancianos acuden a sentarse en torno al fuego. Leemos el periódico en voz alta, damos un pequeño concierto de cuerdas, repartimos buñuelo y aguapanela caliente, escuchamos historias, reímos juntos.