Sueños misteriosos y azules como el mar

Sueños misteriosos y azules como el mar

Por: Luz Mirella Bedoya y Marisol Henao

Oportunidades y experiencias vive el ser humano en su vida. Las emociones se adquieren a medida que se pasa por estados de ánimo, que conllevan a desear sentirse bien tanto con el otro como con uno mismo.

Se llega la hora y es irremediable el sentimiento tanto de nosotros como los que en esta oportunidad presenciaron el gran sueño de conocer el mar.  
3:30 de la mañana, ansiedad, incertidumbre, emoción; eso se sentía en aras de la pronta partida a un lugar que muchos imaginaban pero que no conocían. ¿Qué sentirán los niños? ¿Sentirán las mismas emociones que nosotros? ¿Se imaginarán el camino, la llegada? ¿El mar? O como decía un niño el mar es un charquerío grande”. Bueno tanto ellos como nosotros las emociones se unían en un solo ser, todos teníamos la misma idea de llegar pronto. Pero ese llegar pronto se demoraba porque mientras llegaba la mañana los niños no dormían, sentían vacios en sus estómagos, soñaban con el viaje, esto nos decían las madres.

Algo que nos inquietaba mucho era que los niños llegaran puntuales al lugar que se les había asignado. En ese momento nos preguntábamos ¿Qué tanta emoción sentirán los niños al no darles pereza de madrugar? Cuando en ocasiones veíamos algunos de ellos llegar tarde a la escuela, porque según ellos se les había pegado las cobijas.

Durante el viaje la felicidad no se apagaba; se cantaba, se reía, se dormía hasta se bailaba. Llegamos a Puerto Valdivia, al rio Cauca donde pedimos deseos y prometimos cuidar el medio ambiente. El asombro invadía sus rostros, ver un cementerio que yacía al lado del rio, paisajes y vidas tan diferentes que no acostumbraban ver.


El viaje continuaba… El bus no sólo estaba cargado de maletas y niños, estaba cargado de sueños, alegrías, motivos, ganas de conocer un lugar imaginable y fantástico lleno de misterio. Mientras pasaba todo esto, los lugares se quedaban, el tiempo pasaba, la ansiedad aumentaba, el lugar soñado se acercaba. 

Al fin el momento llego, había una combinación de sentimientos, actitudes y emociones inexplicables; en primer momento todos salieron corriendo y al estar frente al mar en algunos reinaba el silencio, en otros la risa, pero sobre todo reinaba el mismo pensamiento de sentir el mar. No faltó la duda en ningunos, pero la demora fue pestañear y abrir los ojos para ver a todos chapucear en el agua con una felicidad inexplicable. Era gratificante verlos así, sobre todo cuando le preguntamos a Johan del grado 5° ¿Qué fue lo primero que sentiste cuando estuviste frente al mar? “Lo primero que hice fue mirarlo y saludarlo”.

Durante toda la semana las actividades no faltaron: el volcán de lodo, la visita a Tolú, los diferentes tipos de cangrejos y caracoles, la caminata que se hizo por la playa para conocer los manglares y especialmente la importancia de recoger las basuras; porque nunca nos imaginamos que la basura sobresaliera en un lugar como estos, donde la tranquilidad y las zonas verdes embellecen la zona.

La alborada nos acompañaba nuevamente para el regreso a casa. Muchos acontecimientos inolvidables como el recuerdo de Milo, un perro que se ganó el cariño de todos que se vino en el bus sin que nos diéramos cuenta hasta cierta parte del camino donde fue descubierto, nos preguntábamos qué hacíamos con él, no podíamos traerlo o debíamos devolvernos; entre tantas decisiones resolvimos dejarlo en la terminal de Planeta Rica mientras llegaban por él. Fue triste pero había que hacerlo, no nos pertenecía, así que estará en nuestra menoría por siempre. 

En el camino muchos sucesos acompañaron nuestro regreso: un trancón hizo que nuestra marcha y la de muchos otros se detuviera, la guerrilla con sus actos vandálicos estancaron la vía y mientras la fuerza pública tuviera todo bajo control no podíamos pasar; mientras tanto el juego, los chistes y el canto nos ayudaban a pasar el tiempo. Después de esto nuestro recorrido continuó, ya el sueño nos invadía con la felicidad de llegar a nuestra tierra y ver a la familia, satisfechos de haber vivido una de las mejores experiencias que nuestra memoria no borrará.